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Xavi Franco, en su última etapa de este tramo del Camino de Santiago Solidario, llega a Toledo y nos habla sobre la importancia de la donación de órganos, uno de los objetivos de este Camino Valencia-Santiago. Esta parte del camino pone punto y seguido en Toledo para continuar en marzo con el siguiente tramo que será Toledo-Medina del Campo. Os dejamos con las crónicas de esta etapa.

La magia de la donación de órganos

Gracias al generoso gesto de un donante y su familia, el viernes 28 de octubre pude llegar a Toledo andando desde Valencia. 

Y a finales de marzo a Medina del Campo. Y en mayo o junio a La Puebla de Sanabria. Y en verano a Santiago. 

Desde que recibí el trasplante de riñón, puedo con casi todo. 

Ese viernes decidimos salir del albergue aún de noche. En Almonacid es curioso. Hay un bar por la mañana y otro por la tarde noche. Por suerte el de la mañana abre a las 7 y por suerte el trato y el servicio es normal. 

Tomamos un café y un churro y salimos de la población para tomar una pista linterna en ristre. 

Perdimos unos 800 metros al equivocarnos de pista cuando ya había transcurrido un rato de camino. 

No es problema porque ese día, quizás por la ilusión de llegar a Toledo, la velocidad a la que caminábamos era más alta y no nos molestaban los pies y las piernas ni los flaquearon las fuerzas. 

Cruzamos río semi oculto entre un cañar y caminamos un buen número de Kilómetros en paralelo a la autovía a unos 200 metros de distancia. 

Atravesamos una gran finca privada con puertas abiertas y seguimos caminando por una pista en gran parte arenosa que tratamos de evitar yendo por el caballón central cuando es posible. 

En menos de dos horas llegamos a Nambroca donde paramos a tomar un café en plaza Constitución. 

Salimos de la población cruzando dos rotondas que atraviesan la autovía por debajo y conducen a una pista ancha que nos llevó en línea recta hasta Burguillos de Toledo. Almorzamos un bocadillo de venado en Ari’s, sabiendo que a mediodía posiblemente no comeríamos más que unas tapas. 

Cuando ya salíamos, una chica llamó nuestra atención al grito de “peregrino” y paramos a charlar con ella y con su hija que se sumó a la conversación.

15 y 6 caminos respectivamente llevaban a sus espaldas y hablan an con mucha ilusión de ellos igual que lo hacían de haberse encontrado con nosotros y de que le contáramos la historia que los llevaba a hacer el camino. 

Hablamos con ellas unos 10 minutos y tras hacernos una foto, salimos del pueblo por el Camino Layos que nos hizo pasar por un estanque lleno de ocas y patos, por el Centro de Salud y por el Polideportivo. 

Hasta Cobisa se debía ir por allí aunque también nos dijeron que se podía ir por el borde de la carretera que era más recto. 

Preferimos el camino oficial y fuimos rodeando un cerrillo que nos metió en la población pasando por unas urbanizaciones.

Hidratándonos un rato se los acercó una señora de 80 años a la que le apetecía hablar pero no del camino sino que de una opción política. Cortamos educadamente ya que no habíamos llegado andando hasta allí para hablar de política. 

Tan solo nos quedaban 10km y partimos en busca de nuestra pequeña gloria. 

Pasamos por encima de la ronda suroeste de Toledo llegando poco después a un alto en el que al fondo ya se divisaba la Ciudad Imperial. Desde ahí retaban 6km para llegar, 4 hasta el mirador, que fuimos transitando alegremente cuesta abajo entre cigarrales que es como se conoce en la zona las fincas en las que sus propietarios, preferentemente de la capital, construyen grandes viviendas para vivir en las afueras. 

Llegamos a ese mítico Mirador de Toledo desde el que tantas fotos hemos visto y tantas ganas nos ha creado de ir. 

Por fin estábamos allí divisando esa colección de edificios: Alcazar, Catedral, Academia Militar, Residencia oficiales, Albergue,…

Celebramos haber llegado hasta allí con una cerveza observando el Tajo y la Preciosa ciudad que se levantaba por detrás. 

Turistas de numerosas nacionalidades pasaban a pie o subidos en trenecitos. 

Ya solo nos quedaba la entrada triunfal a Toledo por el puente paralelo al Puente de Alcantara, viendo como los alumnos de la academia de la UME realizaban maniobras de rápel. 

Subimos al Alcazar en lo que iba a ser la corta ascensión a nuestro objetivo en ese segundo tramo, tomar una cerveza con tapa en el Restaurante Santa Fe y hacernos una foto junto a la estatua del gran Miguel de Cervantes, bajo la puerta de acceso a la plaza Zocodover, junto al precioso Alcazar. 

Aquí pusimos punto final a nuestra aventura y emprendimos la vuelta a casa para estar ya esa tarde, Pedro en Albacete y yo en Valencia,  recibiendo el cariño de nuestra familia y tomando el merecido descanso. 

A finales de marzo os emplazamos a seguirnos en una nueva aventura entre Toledo y Medina del Campo. 

Entretanto os animo a seguirme en mi columna en ActualidadSocial y a comentar conmigo cualquier cosa que queráis. 

Muchas gracias por seguirnos en esta aventura. El Trasplante es Vida. Sin donantes no hay Trasplantes. 

Xavi Franco Invernón

Aquí puedes leer la séptima crónica si te la has perdido:

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