Lo primero, antes de comenzar, quería rectificar un error del anterior artículo. Como me indicó una persona, la cual es ejemplo para mí y muy querida, dije que León tenía el mayor número de vías ferrata y aunque esté muy bien posicionada mi provincia en el ranking, ese honor le corresponde a Huesca que, además, es destino imprescindible para quienes amamos los deportes de aventura con sus tirolinas, barrancos, ferratas, vías equipadas, rutas de senderismo y montaña, etc.

Ahora ya sí, entramos en materia porque, después de la acogida que tuvo el artículo anterior, he decidido continuar hablando de todos esos valientes que sacrifican su tiempo, su esfuerzo y su dinero, en ocasiones con disgustos y discusiones ante la incomprensión de sus familias, y todo en pos de una vida mejor para sus pueblos y en beneficio de una comunidad que se ha visto disminuida por las políticas que benefician a las grandes urbes. Esforzados corazones que, en su quijotesca cruzada, luchan contra los molinos de las (en mi opinión) mal gestionadas políticas sociales para conseguir que no exista una “España vaciada”.

Hoy nos quedamos en León, donde existe un pequeño pueblo ubicado en la vega del río Tuerto y vigilado por el impávido monte Teleno. Es una de las zonas agrícolas más importantes de nuestra provincia y allí sus habitantes han iniciado un proyecto para dinamizar y rejuvenecer su población, mermada por la necesidad de buscar trabajo más allá de sus fronteras y envejecida por el pasar del inexorable e implacable tiempo.

Santibáñez de la Isla cuenta con una larga tradición de unión entre vecinos, de cooperar por el bien del grupo aún a sacrificio de las individualidades; no en vano disponen de la cooperativa agrícola más antigua de la provincia y una de las más longevas, aún en activo, de España. Siguiendo esa tradición de hermanamiento imbuida en el espíritu y la genética de sus habitantes, un grupo de vecinos y de otros, que por circunstancias de la vida tuvieron que buscarse las habichuelas lejos de su tierra, incluso traspasando las fronteras de la península Ibérica, han fundado Renacimiento Rural Leonés. El nombre de su proyecto lo dice todo, un grupo de socios que pretende devolver al mundo rural lo que le corresponde por derecho, la posibilidad de vivir del pueblo y en el pueblo, y atraer población con la que restituir la alegría y la vida que un día tuvieron sus calles.

Varias acciones se contemplan en su proyecto, algunas de ellas ya en marcha: La primera que han iniciado es la contratación de una trabajadora social, quien se encarga de detectar las necesidades sociales de la población, con especial hincapié en las personas mayores y las que están es riesgo de exclusión. Organizan talleres y formaciones para estas personas y para todos aquellos vecinos que quieran participar. Más adelante, con los datos recabados por esta trabajadora, iniciarán un servicio de ayudas, entre las que destaca el servicio de comedor a domicilio.

La segunda acción, a la que también han dado ya forma, es la creación de una fundación que sirva para canalizar las ayudas públicas y privadas en beneficio de los habitantes de su pueblo y alrededores.

La tercera acción, la cual se encuentra en fase de construcción, ha sido la adquisición de la antigua casa parroquial y su reforma para transfórmala en un restaurante y alojamiento rural. Es un proyecto ejemplo de adaptación y renacimiento, dándole un uso distinto al que tenía, creador de empleo y reclamo turístico, pero manteniendo la esencia del pueblo, ya que, pese al esfuerzo económico y arquitectónico que conlleva, han mantenido al máximo sus muros de ladrillo de adobe y tapial, así como el artesonado de madera y la cubierta con teja antigua; como una metáfora de ese renacimiento, el viejo adobe sirve de base para un proyecto nuevo.

La cuarta actividad que pretenden, enfocada a atraer inquilinos al alojamiento rural, es la creación de una oficina de turismo que muestre las lindezas de la comarca, las distintas actividades de ocio a las que se puede optar, los lugares de interés que existen en las cercanías y los manjares a degustar de la tierra leonesa.

Por si éstas no fueran suficientes acciones, tienen una quinta actividad, la Escuela de capacitación agraria. Es tierra de labor y qué mejor formación que la del oficio que permite vivir en el campo y del campo, un espacio educativo donde formar sobre los antiguos usos y maneras de labranza combinado con las nuevas y más punteras tecnologías agrícolas, siempre bajo el punto de vista ecológico, con el que se respete al máximo el mundo natural; como parte de la Escuela tienen su sexta línea de acción, la creación de invernaderos para cultivos ecológicos, donde los alumnos aprenderán, a la vez que suministrarán productos, tanto a la cocina del restaurante rural como al servicio de comidas a domicilio.

Labor titánica la que pretenden los santibañezanos, llena de trabas y cortapisas, pues no es fácil lidiar con las administraciones públicas españolas a la hora de emprender negocios. Pero estoy seguro de que el empeño, tenacidad y corazón solidario de las gentes de Santibáñez de la Isla, serán suficientes para llevar a buen puerto todas y cada una de las aventuras que emprendan. Y estoy tan convencido de esta afirmación que no dudé ni por un instante, cuando sus socios, y ahora amigos, me presentaron su proyecto, en participar junto a ellos en Renacimiento Rural Leonés, ejemplo de que “si se tienen ganas, se puede”, pese a las zancadillas que esta sociedad, y, sobre todo, esta administración, se empeñan en poner a quienes quieren vivir de su tierra, que no olvidemos, es la que da de comer a las ciudades.

Con permiso de los vecinos de Santibáñez de la Isla, os invito a recorrer sus calles y charlar con sus gentes, seguro que descubrís la curiosidad arquitectónica de su iglesia y la maravilla botánica de su jardín. Os recomiendo degustar los platos de nuestra gastronomía en cualquier restaurante de las vecinas poblaciones, de la carnavalera La Bañeza, la peregrina Hospital de Órbigo o la monumental Astorga. Un paseo por la orilla del río Tuerto, escuchando el murmullo del agua, o una ruta de más nivel hasta el imponente Teleno serán sin duda una buena opción para los más deportistas y para los más aventureros, pues los pueblos que protege la majestuosa montaña están plagados de historia antigua, de mitos y de leyendas.

No hay mejor manera de evitar la España vaciada que disfrutar de los pueblos y consumir sus productos directamente en sus establecimientos que, os aseguro, merece enormemente la pena.

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