La forma en que nos desplazamos por la ciudad ha cambiado. Si la bicicleta ha sido el medio más presente en la última década, ahora el patinete toma terreno en la escena diaria de tráfico, peatones, semáforos, segways, etc..

Un fenómeno que ha provocado que las instituciones locales hayan tenido que tomar cartas en el asunto, ante la falta de legislación general en España, ya que la misma Dirección General de Tráfico reconoce que solo existe una instrucción que es prácticamente obsoleta (aun siendo del 2016).

Así, en aquel reglamento, cuestiones como la edad, la posibilidad de ‘llevar’ viajeros o de circular por vías interurbanas quedan en tierra de nadie, a merced de lo que decidan los ayuntamientos, que han visto cómo apareció un nuevo vehículo que, por una parte, contribuye a la sostenibilidad de la movilidad y, por otro, representa un peligro para los propios usuarios y peatones.

El uso del espacio público, especialmente de las aceras, cada día se complica más. A los amontonados aparcamientos de las motos se suma la invasión de las aceras por ciclistas, por los llamados segways y últimamente por los patinetes eléctricos.

Nuestras ciudades no están preparadas

Y es que, nuestras ciudades no están preparadas para los movimientos que aparecen en cuanto a nuevas formas de movilidad sostenida y comodidad, pues desplazarse más rápido y económico es lo que persiguen estos nuevos mecanismos.

Las normativas municipales que aparecen son de difícil cumplimiento porque, entre otros inconvenientes, no hay suficientes medios de control. El resultado es una convivencia progresivamente difícil y peligrosa de los peatones con bicicletas, patinetes y demás artilugios sobre ruedas, de tracción humana o eléctrica, que invaden los espacios destinados hasta ahora casi en exclusividad al peatón.

Por tanto, las ciudades deben ser capaces de dar una respuesta ordenada a las diferentes alternativas de movilidad personal, pero mientras la disparidad con que cada ciudad legisla demuestra la necesidad de regulación de ámbito nacional con carácter normativo. Mario Arnaldo, presidente de Automovilistas Europeos Asociados, asegura que: “El espacio es limitado y hay que definir como se regula”, pero el gobierno central no valora unificar criterios ya que la competencia de la DGT solo atañe a las carreteras.

Las asociaciones de defensa del peatón lo tienen clarísimo

Mientras, las asociaciones de defensa del peatón lo tienen clarísimo: las aceras son sagradas, los defensores de estas nuevas formas de desplazamiento, consideran que las ciudades serán «más humanas y más inteligentes, con menos ruido y menos humo».

La batalla por el espacio está servida y desde la FUNDACIÓN AVATA confiamos que en tanto se disponga de una norma que ayude a todos los actores a entenderse, peatones, bicicletas, patinetes y otros mecanismos circulen por la senda del respeto y la precaución para que la implantación sea favorable para todos. Una nueva forma de acercarnos es posible, sin causar víctimas ni verdugos.

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