autoestima

Al conjunto de percepciones, pensamientos, sentimientos y evaluaciones dirigidas hacia uno mismo, se denomina autoestima. Tenerse estima a uno mismo.

Autoestima. Qué palabra más sencilla de entender pero tan complicada de practicar. En la definición anterior, decíamos que eran sentimientos, percepciones, evaluaciones… ¿Pero qué tipo de percepciones? ¿Quién define nuestros sentimientos y evaluaciones? Pues dejarme que os diga una cosa: lo definen los demás.

Mi reflejo en los demás construye mi autoestima

Como seres sociales que somos, necesitamos relacionarnos constantemente. Poco a poco, nuestra imagen se va creando con el reflejo que vemos en los demás. Es decir, construyo una imagen de mí a partir de las respuestas que veo en los demás.

Por tanto, nuestras relaciones, las creencias que nos imponen, los valores con los que crecemos, lo que nos dicen y cómo nos tratan, conforman la imagen que tenemos de nosotros mismos. A veces, ese entorno nos permite desarrollar todo nuestro potencial y otras veces hace que nos creamos que no somos suficientes o que nunca vamos a ser capaces de llegar a donde queramos.

«Romper con las creencias no es fácil»

Por eso, muchas veces toca romper con esas creencias que hemos comprado como verdaderas y, como mínimo, ponerlas en duda. Toca mirar (y mirarse) desde otra perspectiva. Mirar dentro. Descubrir nuestras capacidades y nuestro propósito de vida. No es un camino fácil. Más bien es duro. En muchas ocasiones, necesitas transitarlo con la compañía de alguien experto. Pero, ¿sabéis? ¡Es posible!

Es posible aprender a quererse. Mirarse al espejo y sonreír. Sentirse capaces de empezar cosas y proyectos nuevos. Relacionarse con gente interesante sin sentirse inferior. Sentirse uno más.

Es posible quererse para poder querer a los demás

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