verbena

La vida es una verbena, o eso es lo que es para mí. Es un baile como podría haber sido una carrera de motos o cualquier otra cosa. Lo que importa es dejar que la vida fluya y saber bailarla de la mejor manera posible.

En los últimos tiempos, vamos por la vida a toda velocidad intentando saltar todos los obstáculos que nos ponen. Nos pisan, tropezamos. Y cuando estamos a punto de levantarnos, viene el siguiente pisotón. Parece que cogemos el ritmo y viene la orquesta a tocarnos una canción que no nos gusta. ¿Y qué nos queda entonces? Pues salirnos fuera de la pista o seguir bailando con la mayor dignidad que podamos.

«Caer y volver a levantarse incluso cuando nadie te aplaude«

Con esto quiero decir, que la vida no es fácil para nadie. Con frecuencia vemos, y ahora con las redes sociales más, personas exitosas que han conseguido tener una vida extraordinaria. Lo que no vemos es todo el proceso y trabajo que ha habido detrás. Al fin y al cabo, esas personas son como tú y como yo. Les ha costado muchas horas de práctica el poder llegar a bailar la vida que quieren. Se han caído y han tenido que levantarse, incluso cuando nadie les aplaudía. Dan traspiés al bailar, pierden el paso y, a veces, tienen que improvisar.

Lo que diferencia a las personas que tienen éxito de las que no, es que han decidido ser el primer bailarín de la compañía y no se han conformado con el papel de segundo bailarín. Son los auténticos protagonistas de su vida y bailan la vida como quieren sin importarles lo que opinen de ellos.

Para ello, cada persona tiene que definir cuál es su éxito, pero ese es otro tema con mucha miga.

«La orquesta nunca deja de tocar»

La verbena pasa rápido y si te quedas esperando a que suene una mejor canción o a que alguien venga a sacarte a bailar, cuando te des cuenta, la fiesta estará llegando a su fin. Llegarán compañeros que marcarán su propio ritmo y no puedas hacer otra cosas que seguirles. Otros serán los que te sostengan. Algunos te harán tropezar. Pero seguro, que llegarán esos compañeros de baile que te van guiando dejándote dar los pasos a tu manera, que te siguen y que te dejan marcar tu propio ritmo. Algunos intentarán que te caigas y harán todo lo posible para que no te levantes. Pero sin embargo, otros se apartarán para que puedas brillar. A veces tendrás que bailar sólo y otras veces, no te apetecerá elegir compañero. Sea como sea, la orquesta nunca deja de tocar.

Desde aquí te animo a que te atrevas a calzarte esos zapatos que, a simple vista, parecen tan incómodos pero que poco a poco irás domando. Puedes atreverte a bailar o seguir mirando cómo otros lo hacen.

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