Oficialmente, podemos destapar nuestros rostros en espacios interiores, con algunas excepciones.

Algunas personas se podrán sentir liberadas de esta medida tomada ya hace dos años con el inicio de la Pandemia pero, sin embargo, para otras no será tan fácil. Los psicólogos y pedagogos alertan del llamado “síndrome de la cara vacía” que, aunque podría afectar en su mayoría a adolescentes, ninguna persona está exenta de ello.

La mascarilla supuso una barrera en la comunicación

Al inicio de la Pandemia, la mascarilla comenzó como una barrera que nos impedía llevar a cabo una comunicación como veníamos haciéndolo. Ha supuesto una barrera para ciertos colectivos de personas con dificultades para la comunicación o para los niños que estaban en pleno desarrollo social y comunicativo. Con el paso del tiempo, nos hemos ido acostumbrando a llevar media cara tapada, mirando por primera vez a los ojos del que tenemos delante. Hemos aprendido a leer miradas identificando la alegría, la tristeza o el miedo.

Por otro lado, también nos hemos ocultado bajo la mascarilla. Hemos cubierto nuestras inseguridades físicas y nuestros miedos a la hora de comunicarnos. En algunos casos, podía ser una manera de pasar desapercibido.

Adolescentes y personas inseguras, los más vulnerables

Por todo ello, ¿Cómo se sentirán las personas más inseguras con la retirada de las mascarillas?

Es cierto que los adolescentes son más vulnerables a padecer este síndrome de la cara vacía por estar en plena etapa de cambios físicos que podían tapar con la mascarilla. Pero, independientemente de la edad, las personas más tímidas o con más inseguridad pueden sentirse “desnudas” ante los demás al retirarse la mascarilla, ya que están más `pendientes de la aprobación de los demás.

¿Y los niños?

Frases como «El bicho tiene miedo y se ha escondido hoy», «biennnnn, sin mascarilla», «Papi, no quiero quitármela tengo miedo», estas son algunas de la reflexiones de los mas pequeños con respecto a la nueva medida.

Crear entornos cercanos y espacios seguros

En todo caso, es necesario normalizar la situación y no obligar a retirar la mascarilla de manera inmediata. Cada persona necesita su proceso y es necesario dar espacio para que la persona se sienta segura. Debemos crear entornos cercanos y seguros para que las personas puedan sentirse más a gusto y librarse así de las barreras que ello les supone.

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