excusas

Seguro que conoces personas que son expertas en poner excusas. Aunque suene muy duro, las excusas son uno de los signos de mediocridad. Pero no creas que es propio solamente de algunas personas sino que todos lo hacemos. O si no, ¿Cuántas veces has pospuesto una actividad con la justificación más original?

Nos compramos nuestras propias excusas

Todas las personas tendemos a justificar aquellas actividades o acciones con alguna excusa que nos haga sentir mejor. Y lo peor de todo esto, es que nos compramos nuestras propias historias.

Lo más habitual es hacerlo cuando tratamos de formar y mantener hábitos y buscamos alguna justificación para no pasar a la acción. Por lo tanto, nos volvemos expertos en crear excusas simplemente para posponer el momento de tomar decisiones.

Los cambios son difíciles para nuestro cerebro y generan cierta incomodidad. Por eso, continuamente posponemos esa situación con pretextos bastante racionales y convenciéndonos a nosotros mismos de que no es el mejor momento para tomar acción.

Por otro lado, el cerebro sufre un efecto llamado El efecto Zeigarnik que es el causado por las tareas no completadas. Nuestro cerebro se queda más tranquilo cuando completamos lo que empezamos y si no lo hacemos, experimentamos cierto grado de inquietud y dolor. Dejar incompleta una tarea o actividad genera culpa y decepción que el cerebro guarda de forma negativa. De ahí, que el cerebro prefiera no empezar una actividad porque recuerda que es probable dejarla incompleta y eso produce dolor.

Por este motivo, las excusas generan una explicación relativamente lógica y provocan un alivio temporal.

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Motivos para inventarse historias

Además, existen algunos otros motivos por los cuales inventamos historias para posponer acciones.

  • Nuestro cerebro prefiere la gratificación instantánea al bienestar a largo plazo. Por ejemplo es más cómodo quedarse tumbado en el sofá que salir a hacer ejercicio.
  • Posponer es fácil. No requiere esfuerzo y no tiene consecuencias negativas inmediatas.
  • Creemos que seremos más productivos y estaremos más concentrados en otro momento que ahora mismo.
  • La recompensa está muy lejana. Es la constancia lo que genera la recompensa y preferimos recompensas inmediatas como posponer el tomar acción.

La lista sería interminable. Pero lo que verdaderamente importa es que nos creemos nuestras propias excusas que justifican que no tomemos acción. Por lo que se convierten en un verdadero obstáculo para cambiar.

¿Cuál es la solución?

La única solución para comenzar un cambio e incorporar a tu vida ciertos hábitos no es la motivación ni la recompensa, porque no siempre estaremos motivados. Se trata de tomar acción constante, crear hábitos y aprender a reconocer tus propias excusas.

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